lunes, 18 de febrero de 2019

Perseo


Perseo

A la Sra. Adela Maíllo.
Recuerdo de nuestro exilio en el municipio de Saint Maurice d´Ibie.
Con  toda mi simpatía

St. Maurice d´Ibie (Ardèche),
25 octubre 1942

Por: Manuel García Sesma

(Fitero, Navarra, 1902-1991)

Traducción del texto original en francés (ver la página de este mismo Blog: Relatos 1942)

- “Señora: para una mujer que va a ser mamá pronto, este maquillaje no le va... ¿Quiere usted lavarse, por favor...?
Y la Señorita Edith, la sonrisa en los labios, abre ella misma el grifo del servicio.
La interpelada, al principio un tanto sorprendida, un poco más turbada a continuación,  cogió maquinalmente el guante de baño, lo empapó de agua y se limpió inmediatemente su maquillaje. Era una refugiada alsaciana, algo  madura y  un poco más frívola y  coqueta: una de esas mujeres de la retirada de Mayo y Junio de 1940 de las que un miembro de la Academia Goncourt, René Benjamin, ha hecho el retrato un poco demasiado despiadadado en su libro “Primavera Trágica”.
La Señorita Edith era justamente  el tipo opuesto: el tipo de mujer que se toma la vida en serio y no como una mascarada carnavalesca. Primero, no era francesa, sino suiza; una joven mujer puede que pasando la treintena, pero llevándola con holgura: esbelta, delgada, morena, vestida con un uniforme a rayas azules y blancas, con un cuello blanco almidonado. Era  la comadrona del  establecimiento. Porque el lugar dónde esta escena se ha desarrollado era justamente una maternidad: la Maternidad suiza de Elne [1], sostenida por la Cruz Roja de la pequeña República.
Elne es un pueblo del departemento de los Pirineos Orientales, situado en los alrededores de los campos de concentración de St. Cyprien y d´Argelès-sur-Mer. Durante el éxodo de los republicanos españoles en Febrero de 1939, la Cruz Roja Suiza, sección de Socorro a los Niños, se había apresurado en abrir allí una Maternidad, para venir en ayuda  de las refugiadas españolas encinta y  de los niños recién nacidos.
Era entonces ministro del Interior un radical socialista y francmasón notorio: Don Albert Sarraut. Los campos dependían de su autoridad. Por otra parte, en esta época funcionaba ya en Francia la obra de la Santa Infancia, dirigida entonces por el Monseñor Merio. Pero ni la filantropía masónica ni la caridad católica tuvieron la ocurrencia de socorrer especialmente a nuestros infelices mujeres y niños. Naturalmente, ni una ni otra sospechaban tampoco entonces que, al año siguiente, muchas mujeres y niños franceses y pueblos aliados de Francia (Polonia, Bélgica y Holanda) se encontrarían en el mismo caso[2]. Felizmente, la Cruz Roja Suiza – que no miraba la nacionalidad ni la ideología, sino la desgracia – estaba ya allí; y en adelante la Maternidad Suiza de Elne abrió sus puertas no sólo a las futuras mamás españolas, sino  a las de cualquier otra nacionalidad, refugiadas en los campos.
Justo cuando la Señora Adela Maíllo entró allí, al final de Enero de 1941, había una austriaca, una rusa blanca, una judía francesa, una polaca, etc. No obstante, el  contingente más numeroso era siempre el de las españolas.
La Maternidad Suiza de Elne estaba situada a dos kms. del pueblo e instalada en el Castillo de Mirois, un viejo edificio de tres pisos, situado en medio de un jardin. Se disponía de 50 camas, distribuídas en varias  habitaciones que contenían de cuatro a ocho cada una. Estas habitaciones habían sido bautizadas casi todas con nombres de las principales ciudades españolas: Barcelona, Bilbao, Madrid, Santander, Sevilla y Zaragoza. Había otras con el nombre Suiza, Polonia, Marruecos[3] y Paris. Por lo tanto,  todos los niños nacidos en la Maternidad Suiza de Elne eran al principio marroquíes... Era una pequeña habitación blanqueada en blanco verdoso y dotada de una cama, una mesa, un lavabo y un armario conteniendo los ustensilios de la comadrona. Por lo que era ahí principalmente el centro de actividades de la Señorita Edith. A veces esa actividad era verdaderamente angustiante, porque los recién nacidos no querían esperar su turno, y más de una vez, aunque poco a menudo, se llegó a dar a luz sobre la única cama a dos madres juntas. Por suerte para la Sra. Adela Maíllo, Perseo fue desde el primer momento un niño sabio y llegó a este extraño mundo el 19 de Febrero de 1941, sin presionar descortésmente ni a su madre ni a su comadrona.
Perseo era un pequeño español, travieso y guapo, quién, veinte meses después, habría de hacer las delicias de los refugiados de la comuna de Saint Maurice d´Ibie. Pero en el momento de presentarse en este planeta y de pedir una plaza para él, él no era, como todos los recién nacidos, más que un pequeño mamífero rojizo y deforme, pesando 2´770 kg. Tan pronto como la Señorita Edith le tuvo, lo mostró un instante a su madre, después le limpió, le empaquetó y  lo expidió a “Madrid”. ¡Qué cosa más rara! ¡Su mamá, catalana cien por cien, no protestó...![4]
Pues sí; “Madrid” era el redil, la habitación de las cunas de los recién nacidos: una habitación limpia y aseada, rebosante de cunas de mimbre y de inocentes bebés. Cuando Perseo se presentó, rebosaba tanto de bebés  que no había ni una plaza libre para él. Pero la Señorita Betty era espabilada  y enseguida le encontró una provisional, en la cuna de otro pequeño español. Perseo permaneció allí tres días. A partir de entonces tendría su propia cuna.
La Señorita Betty, aunque maestra de "Madrid", no era madrileña ni española, sino suiza. Tenía sin embargo la gracia y el aspecto simpático de una joven muchacha de la Latina o de Chamberí[5].
Para empezar, hablaba perfectamente el español, como la Señorita Edith. Era una muñeca rubia, grande, frágil, bonita y alegre, de aproximadamente 21 años; en fin, el ángel guardián ideal para esta guardería madrileña.
Perseo pasó allí  las primeras 24 horas de su existencia sin moverse ni probar nada, como es de rigor en estos casos, sobre todo en tiempo de restricciones. Pero a partir del día siguiente, comenzó a viajar y  a devorar de una manera alarmante. Cada tres horas, iba de "Madrid" a "Zaragoza"; no en avión - Zaragoza dista de Madrid  algunos centenares de kilómetros -, sino en los brazos de Betty. En "Zaragoza" - la habitación donde se recuperaban las mujeres que habían dado a luz-, su madre lo amamantaba seis veces al día. Pero la pobre madre, tras las privaciones del campo, no era demasiado fuerte, mientras que Perseo mostraba una voracidad de lobo. Por lo que, tres semanas después, fue necesario reforzar con biberón la lactancia materna. Sin embargo incluso con este refuerzo, este pequeño Lucullus en bañador no se satisfacía. Siendo la ración normal de biberón de 120 gramos de leche, el pequeño Perseo tomaba siempre de 160 a 170 gr. ¡Bah! ¡Estaba en el país de Pantagruel!
Naturalmente, después de haberse atiborrado así, el niño dormía como un ángel. No molestaba  a la Señorita Betty más que a la hora de despertar. Si hubiera sido mayor, habría sido necesario despertarlo más de una vez a bastonazos. Pero la guapa enfermera no dispensaba golpes, sino caricias. Gracias a este régimen, Perseo, 50 días después de su nacimiento, ya pesaba 3' 5 kilos.
Mientras tanto, su madre había dejado la cama y había ido de "Zaragoza" a "París". Después de dos años de estancia en Francia, valía la pena visitar su capital - debió pensar la Sra. Adela. ¡Incluso en marzo de 1941...!
Pues sí, el "París" de la Señorita Isabel no era precisamente el del General von Stülpnagel... Allí, como en toda la zona ocupada por la Maternidad Suiza, la autoridad no se imponía por la fuerza, sino por la dedicación y la dulzura. La Señorita Isabel, la directora de la sección, era una joven de unos 25 años, rubia, esbelta, hábil y simpática. Era también suiza, como sus dos colaboradoras, y hablaba correctamente el español; pero no llevaba uniforme.
Las normas de la dirección eran, para la disciplina, una firmeza fina; y para el régimen, el orden, el buen tratamiento y la tolerancia. Las tres señoritas suizas sabían imponerse siempre de la manera más categórica y más agradable. Por otro lado, el orden en la casa era total. No dejaba nada que desear. Cada lunes, la Señorita Isabel distribuía los servicios de la semana entre los refugiados que se encontraban en estado de asumirla. La higiene era perfecta; la comida adecuada y abundante; el respeto a las creencias absoluto. Se bautizaba a los niños cuyas madres lo pedían expresamente; pero ninguna presión a este respecto. Y por otra parte, nada de rezos colectivos ni de catequesis impertinentes[6].
Cuando la Sra. Maíllo tuvo que dejar la casa con su niño, el 11 de abril de 1941, fue con verdadero pesar y con un inmenso reconocimiento hacia estas tres suizas ejemplares. ¡Desgraciadamente! El panorama iba a cambiar completamente para ella y su niño. ¡Otra vez el campo de concentración con sus alambres de espinos, sus gendarmes, sus ratas, sus piojos, su escasez y su miseria...!
A pesar de todo, en el campo de Argelès había también una caricatura de Maternidad, instalada en la barraca B9 del campo de mujeres. Precisamente conocía bien muy esta clase de campamento de barracas por haber habitado el B14, durante los meses Julio y agosto de 1940, tras el armisticio francoalemán del 25 de junio. Pues bien, aquélla era una barraca como las otras, con la única diferencia de tener parquet, disponer de alumbrado eléctrico y de estar dividida en tres compartimentos: uno para las madres, otro para los niños y el tercero para Nati, una joven mujer española encargada de la dirección. Los bebés allí tenían pequeñas cunas de madera. Cada noche los bebés eran supervisados por dos madres que se relevaban a las dos horas de la mañana. Cuando la Sra. Maíllo se instaló con Perseo, había aproximadamente veinte niños y una docena de madres. La diferencia se explica porque casi la mitad de las madres tenía otros niños mayores, colocados en otras barracas y preferían dormir allí con éstos.
Durante el invierno, el compartimento de los niños tenía una estufa de carbón para calentarlos. Y eso era todo. Nada de agua ni de los medios de higiene infantil más elementales. Para limpiar a los niños, las madres tenían que ir a buscar agua en las cocinas del campo que, ciertamente, no se la proporcionaban siempre.
El régimen alimentario de las madres que amamantaban era exactamente el mismo que el del resto de los refugiados. A las siete de la mañana, café solo, pero bien mojado... Al mediodía, un plato de nabos solos o con alcachofas y un poco de mermelada o fruta. A veces se añadían una o dos sardinas saladas y un cuarto de vino; y una vez por semana aún se daba un pedazo de carne. En cuanto al pan, se distribuía diariamente un pan de un kg para tres personas, es decir, 333 gr. de pan para cada madre. Por supuesto, este kg. de pan no era siempre real, sino teórico. A las 18  horas de la noche, misma comida que al mediodía.
Para los niños, el racionamiento era similar. El Campo no hacía ninguna distinción en consideración suya. ¿Qué esperaban? La Comandancia del campo no estaba compuesta precisamente por profesores de Puericultura. Afortunadamente,  la Sección de Socorro a los  Niños de la Cruz Roja suiza seguía ayudando a los niños encerrados en los campos. Proporcionaba diariamente un litro de leche para cada lactante, y daba a los otros niños leche por la mañana y un bocadito a base de mermelada o queso por la tarde. Estos bocaditos también se distribuían cada día a las madres.
Cuando un niño caía enfermo, se le transfería al Hospital General del Campo. Si aún era lactante, se permitía a la madre instalarse con él. En caso contrario, la madre no podía verlo más que los días de visita, es decir, dos veces por semana, por la tarde. Por otra parte, cuando los niños se portaban bien, las madres necesitaban un permiso para sacar a sus bebés a tomar el sol entre los alambres de espinos. Así fue pues cómo Perseo y su madre vivieron en el campo de Argelès-sur-Mer alrededor de un mes. Afortunadamente el pobre bebé no se daba cuenta de nada.
Hacia mediados de mayo de 1941, como el resto de los niños de Argelès, se le transfirió al campo de Rivesaltes, situado también en los Pirineos Orientales. La transferencia tuvo una consecuencia trágica. Una cincuentena de niños sucumbieron en algunas semanas. Pero Perseo aguantó valientemente. Entonces, la Cruz Roja Suiza pidió y obtuvo la transferencia de los supervivientes más amenazados a su colonia infantil de Banyuls-sur-Mer. Perseo permaneció in situ.
Sin embargo este lugar no era muy cómodo. Para no cambiar demasiado, como Argelès más o menos. En primer lugar, la Sra. Maíllo fue instalada con su niño en el islote J, barraca 21. Luego, cuando Perseo alcanzó seis meses, pasaron ambos a la barraca J15; seis meses después, a la barraca J29; y finalmente, cuando el bebé tuvo quince meses, a la barraca J33. Al mando del campo de Rivesaltes  no había ningún discípulo de Marie Montessori ni del doctor Variot; pero, finalmente, el trato era algo más razonable. Para empezar, el racionamiento de los niños era también en principio el mismo que el de los ancianos, pero con esta diferencia: ni vino ni  café, y solamente cien gramos de pan al día. En compensación, se daba medio litro de leche al día a cada niño a partir de un año.
Por otra parte, los auxilios de la Cruz Roja Suiza estaban allí perfectamente organizados. Se proporcionaba diariamente a los lactantes de hasta un año un litro de leche; de uno a tres años, una buena ración para dos comidas de arroz o bledine; de tres a seis años, solamente el arroz; y de seis a catorce años, leche y arroz o puré. Las distribuciones eran hechas regularmente por la sede Central de Auxilios a los Niños, residente en calle de Tarn,71 (Toulouse).
Por lo demás, la instalación de Rivesaltes era tan miserable como la de Argelès. Y, bajo algunos aspectos, aún más penosa. Así, por ejemplo, la barraca de los bebés tenía una estufa, como en Argelès; pero no se proporcionaba ni carbón ni madera para encenderla. Entonces las madres, para no dejar fallecer de frío a sus niños, se veían obligadas a ingeniárselas para encontrar combustible en el campo, lo que no era fácil y, además, daba a menudo lugar a detenciones. ¿Pero a qué no hará frente una madre para defender la vida de su niño...?
Los temores de la Comandancia del Campo tras la crisis de mortalidad infantil a principios del verano de 1941, les  inspiraron medidas un poco inhumanas. Por ejemplo, la de no permitir a una madre cohabitar con dos hijos de menos de tres años y la de prohibir a un niño visitar su hermano pequeño, residente en la Maternidad del Campo. Pero finalmente estas medidas se derogaron, tras una inundación que pudo convertirse en una catástrofe.
Cuando un niño caía enfermo, se le transfería a la Enfermería General del Campo; pero no se permitía el acceso de la madre más que para amamantarlo, si era lactante. Aunque, naturalmente, podía verlo los días de visita, es decir, jueves y domingos. Afortunadamente para su madre, Perseo no tuvo nunca necesidad de ser trasladado a la Enfermería.
No obstante, uno se imagina fácilmente que la vida en estas condiciones no era muy agradable, y no se sorprenderá de que un bello día la Sra. Maillo finalmente había decidido dejar el campo con su hijo, en el plazo más corto posible. Era el mes de marzo de 1942. Perseo tenía más ya de un año y permanecía en el campo de Rivesaltes desde hacía diez meses. Su padre, que estaba enrolado en el 410 Grupo de Trabajadores extranjeros en Perpiñán, había sido obligado a volverse con éste a zona ocupada en julio de 1941. Trabajaba por lo tanto en St Malo, la pequeña patria de Chateaubriand y de Lamennais. Su hermano mayor, José, permanecía conmigo en el 160 G.T.E. en San Mauricio de Ibie (Ardèche). Un día José Mailló me dijo: "Querría traer aquí a mi cuñada y mi pequeño sobrino. Ya sabes, siguen en el campo de Rivesaltes y la vida allí no es bonita para ellos. Adela me comunica que con un contrato de trabajo, se le permitiría dejar el campo."
"Muy bien - le respondí. "Cuenta conmigo para hacer las gestiones necesarias."
Inmediatamente, visitamos al Sr. Arsac[7], el alcalde del municipio, y al Sr. Arrassipé, un ingeniero jubilado que se comprometió a tomar a la Sra. Adela Maíllo como costurera para su mujer y su hija.
 - Ya ves, está hecho - le dije a la salida. Antes de acabar este mes, tendrás aquí a tu cuñada y tu sobrino.
 ¡Pero... Maldición! No habíamos tenido en cuenta el espíritu de papeleo de la Administración francesa. ¿Puede creerse? Para enviar a Francisco Maíllo a trabajar en zona ocupada, una simple orden y dos días de viaje bastaron. ¡Por el contrario, para sacar a su mujer y a su hijo de un campo de concentración, fueron necesarios siete meses de traslado de papelotes...!
         Pero por fin, un bonito día de octubre de 1942, aterrizaron ambos, de improvisto, en el municipio de San Mauricio de Ibie. Inmediatamente les instalamos como es debido en nuestro hotel de refugiados. Era un viejo tugurio del pueblo compuesto de dos partes: una habitación y una cocina. En la habitación dormíamos tres camaradas: dos catalanes y yo; en la cocina se había hecho un pequeño apartamento con dos coberturas y allí dormía una joven pareja aragonesa. Entonces, para colocar a la Sra. Maíllo y Perseo, se improsivó al lado, en la misma cocina, otro minúsculo compartimento con otras dos coberturas; y hete aquí nuestros dos huéspedes instalados "como es necesario..." Pero bueno,  en cualquier caso, aquí hubo un hogar de siete personas, en su mayor parte no unidas por vínculos familiares, llevando a pesar de todo con armonía una vida de familia, en dos docenas de metros cuadrados. Naturalmente, para hacer milagros similares era necesario ser antes un refugiado español.
         Por supuesto, el pequeño Perseo pasó a ser, desde el primer momento, la alegría de la casa. Era, ciertamente, una joya: guapo, gracioso, inquieto, travieso y cariñoso. En esta época tenía ya veinte meses y pesaba 12' 800 kg Sus ojos eran azules; su cara, regordeta; su cabello, de rizos de oro. Saltaba como un cabrito, y parloteaba como un loro. Su jerga era pintoresca: una especie de esperanto particular. Figuráos: su madre catalana, como mis camaradas Mateu y Masip; la pareja aragonesa y yo hablábamoscastellano; y en el pueblo el pequeño sólo oía el francés. Entonces nos saludaba: "Kapalel, uva [8]"; y decía a su tío negándose: "no vull[9]".
            Por otra parte, ¿No había nacido de padres españoles en una región francesa, en una maternidad suiza y en una habitación marroquí...? ¡El colmo Dios mío, el colmo!
Como todos los niños de su edad, rompía todo lo que encontraba a mano y se divertía ruidosamente con todo y con todos. Por las tardes, me gustaba ponerlo a menudo sobre mis rodillas y jugar alegremente con él. El pobre niño apenas tenía juguetes para divertirse; sin embargo encontró uno estupendo: un gato. Teníamos un pequeño gato, suave y paciente, para cazar a los ratones. Y bien, Perseo la tomó con él desde el primer día, y  la cola del pobre animal siempre estaba tensada entre sus manos, como la cuerda de un arco.
Como Perseo entraba entonces en el período de la imitación, comenzó muy temprano las prácticas de los hombres: a fumar, a gastar el dinero y a enamorarse... Un día, Masip habiéndole puesto entre los labios, para divertirse, un cigarrillo no encendido – quede claro -, el pillo de Perseo se puso a gesticular como un fumador.
Comenzó también a gastar el dinero de su madre de la manera más alarmante. ¿Saben cómo? Rasgando todos los billetes que encontraba al alcance de su mano. Billete cogido, billete despedazado. Por supuesto, entonces  ignoraba completamente la existencia y las devastaciones de la inflación; pero tenía, se ve, la intuición que todos estos papeles, sucios y feos, sólo serían buenos, a corto plazo, para encender el fuego...
El enamoramiento del pequeño Perseo fue algo de más sorprendente. ¡Asombráos! ¡Se enamoró de la Sra. Geneviève Guitry...! Sin broma. Desde hace algunos meses, tenía sobre mi cabecera un gran retrato de la tercera mujer de Sacha. Lo había recortado de la revista "7 días" y lo había enganchado en la pared de mi habitación. Pues bien, Perseo se enamoró de la carita de la guapa Geneviève y subiendo de vez en cuando sobre mi jergón, se ponía a abrazarlo amorosamente. ¡Diablo de niño! [10]
La sombra benefactora  de la Cruz Roja Suiza siguió protegiéndolo incluso en la aldea de los Salelles. En Ginebra, la cuna del autor del "Emile", Perseo tenía algunas madrinas misteriosas: Srtas. Berney, que vivían en el número 18 de la calle Dassier. Eran hadas buenas que no lo conocían. Y bien, razón de más para reconocer su beneficencia y su desinterés.
¡Bendito país este pequeño país de Suiza en el que las mujeres se preocupaban generosamente en salvar la vida de los niños desafortunados del Continente, mientras que los otros se atacaban entonces con ferocidad para  destruir la civilización y la humanidad...!










[1] La maternitat d´Elna, bressol dels exiliats, de Assumpta Montellà i Carlos. Editorial Ara Llibres.
[2] Sería sin embargo injusto silenciar los auxilios prodigados en los primeros momentos por los partidos obreros franceses y sobre todo por los institutores e institutrices del Sindicato Nacional.

[3] Se ha respetado la ortografía española de todos estos nombres.
[4] Entre catalanes y castellanos había a menudo un poco de desacuerdo.
[5] Barrio popular de Madrid.
[6] Era el mismo espíritu de Adèle Kamm - una pequeña santa protestante de Lausana - respecto a sus mariquitas. Las suizas saben ser, como ninguna otra mujer de Europa, profundamente religiosas y escrupulosamente tolerantes.

[7] Era el alcalde de Saint Maurice. Menú de bodas de Robert Arzac, hijo del Sr. Alcalde de Saint Maurice, celebradas en Vogüe, 8 de septiembre de 1942, en presencia de 100 huéspedes: Entremeses variados (Melón congelado Oporto/Jamón del país, aceitunas y mantequilla/Menestra de verduras; Entrantes: Cabeza de ternera salsa real/Bocaditos de la reina/Truchas salmonnadas meunière/Encebollado de liebre San Huberto/Judías verdes a la inglesa. Asados: Gansos asado/Pollos de grano/Piernas de presele/Ensalada temporada, Postres combinados: Helado en molde Paulette/Tarta de Saboya/Uvas, Melocotones, Turrones/Píldoras Pequeñas combinados al horno /Chocolatés pralinés; Vinos: Rojo Costas de Setras/Blene Hermitage/Negro Costas del Ródano/Champagne Espumoso; Café, Licores.


[8] Raphaël: des raisins.
[9] No quiero.
[10] Desgraciadamente nuestro humilde hogar de Saint Maurice no duró mucho tiempo. Siendo disuelto el Grupo 160 el 31 de octubre de 1942, debimos  retirarnos a las Salelles, una aldea del mismo municipio. Perseo y su madre tuvieron que instalarse con la pareja  aragonesa en una pocilga...!; yo, en una pequeña buhardilla, fría y  oscura. Como desde entonces ya no trabajaba en la Oficina del Grupo, sino en el bosque, como el resto de mis compatriotas, sólo veía al niño de vez en cuando. Aún así,  cuando lo visitaba o lo encontraba por casualidad, me llamaba siempre afectuosamente: ¡Amuraci, Amuraci! Cuando no iba a la cantera, escribía a veces en el tugurio de su madre. Entonces ésta pedía al niño: ¿Qué hace Amuraci? Y Perseo respondía invariablemente: " cribir a papa " (escribir a papá). ¡Pobre niño!



domingo, 26 de agosto de 2018

Angelita Luis Díaz


ANGELITA LUIS DÍAZ




Angelita Luis y Manuel García Sesma
                                                                                                Carta de Manuel G. Sesma en 1990



IN MEMORIAM


Mª Ángeles Luis Díaz, que nació en Fitero en el año 1928, murió el pasado día 24 de agosto a la edad de noventa años. La Banda de Música de Fitero ha acompañado sus restos hasta el Cementerio de Fitero interpretando piezas de su padre, 
Hija del compositor Lorenzo Luis Yanguas, fue una fiel defensora y difusora de la enorme obra musical de su padre. Presidió los actos del I Centenario de Manuel García Sesma (1902-2002), intelectual fiterano, que escribió la primera biografía de la vida y de la obra de su padre, publicada en su libro "Miscelánea Fiterana" (1981), editado por el M. I. Ayuntamiento de Fitero y recogida en este Blog. En su libro "Poemario Fiterano" (1969), Manuel G. Sesma le había dedicado un poema, "La Banda del Carrascas", que reproducimos a continuación.
En la foto, se encuentran delante el kiosko en el que figura una placa dedicada a su padre.
Adjuntamos, así mismo, la carta que Manuel García Sesma escribió a Angelita Luis con motivo de la recepción de esta fotografía.
Descanse en paz una gran fiterana y una fiel defensora de enorme obra musical de su padre.

Jesús Bozal Alfaro

En este blog, recogemos la biografía escrita por Manuel García Sesma e iremos añadiendo más datos sobre Lorenzo Luis Yanguas.


LA BANDA DEL CARRASCAS


Entre los recuerdos
gratos de mi infancia,
figura la Banda
del sin par Carrascas.

Era la alegría

de los fiteranos,
en los grandes días
festivos del año;

y tenía fama,
en todo el distrito,
de ser una banda
de mérito artístico.

Para mi, era entonces
-sólo a ella oía -,
el mejor conjunto
musical que había;

y admiraba, ingenuo,
a Lorenzo Luis,
como a un verdadero
mago del atril.

No era ciertamente
un Arbós o un Villa;
pero sí, un buen hombre
y un valioso artista.

Sabía su oficio
y no se escapaba
a su fino oído
ni una nota falsa;

Y era al mismo tiempo
director e intérprete,
haciendo proezas
con el clarinete.

Componía piezas
garbosas y aladas,
que, en bastantes pueblos
de España, bailaban;

y es seguro que,
en campo más vasto,
nuestro humilde artista
habría triunfado.

Pero prefirió
vivir en Fitero,
haciendo de músico
y de cafetero.

En las Fiestas típicas
de Nuestra Patrona,
su Banda tocaba
a todas las horas;

tan pronto escoltando
al Ayuntamiento,
como actuando en bailes,
toros y conciertos.

Lo recuerdo aún,
durante la Ronda,
sudando a torrentes
entre las antorchas;

y el flamante Alcalde,
don Gervasio Alfaro,
levita y chistera
luciendo en tal acto.

¡Qué tiempos aquellos
de mi pubertad,
tranquilos y alegres,
que no volverán!

Abandoné el pueblo
y no oí ya nunca
del genial Carrascas
la vibrante música;

en cambio, escuché
en España y fuera,
a famosas bandas
y a grandes orquestas.

Mas aún los ecos
resuenan en mí
de los pasacalles
de Lorenzo Luís.

México D. F., 8 de abril de 1963

miércoles, 8 de agosto de 2018

Nuevo




ESQUISSE BIOGRAPHIQUE DE MADEMOISELLE CLAIRON

À Mesdemoiselles Suzanne et Marcelle Boizart

Manuel García Sesma 

Saumur, le 26 juillet 1946

Ah ! la vie n´est pas un roman… !
Combien de fois n´entend-on pas ce reproche de la part des réalistes, mûris et désabusés à l´adresse des jeunes idéalistes, rêvant d´une existence supérieure dépassant la mesure du vulgaire ?
On pourrait cependant objecter à ceux-là que tout au contraire la vie est toujours un roman : brillant ou terne, amusant ou ennuyeux, sublime ou plat, mais en tout cas un véritable roman : à la Dickens ou à la Gorki, à la Kipling ou à la Zola.
Mais ils ont raison, les réalistes mûris et désabusés. Ils parlent du roman dans le sens d´une pure création de la fantaisie en opposition aux réalités tangibles de la vie. Et en effet, l´existence de la plupart des mortels n´a rien de fantastique ni d´extraordinaire. C´est d´une vulgarité et d´une platitude écoeurante. À peu près, comme celle des autres animaux de l´échelle zoologique.
Mais il y a, Dieu merci !, des hommes et des femmes dont l´imagination et la volonté ne se résignent pas à suivre les sentiers ordinaires de la vie de leurs semblables. Alors leur existence devient un roman dans le sens même où l´entendent les réalistes désabusés. Tel est le cas de la célèbre tragédienne française du XVIIIè siècle Claire-Joséphine Hippolyte Legris de Latude, dite Mademoiselle Clairon.
Quel roman passionnant à la Dumas pourrait-on écrire rien qu´en se bornant à raconter avec un peu de verve les avatars invraisemblables de sa longue existence mouvementée.
Voici une légère ébauche biographique. Mademoiselle Clairon naquit à Condé-sur-L´Escaut (Nord), en 1723. D´après les détails curieux qu´elle-même rapporte dans ses « Mémoires », elle était tellement chétive en venant au monde que sa grand´mère, femme très dévote, craignant une mort immédiate, décida de la porter sur-le-champ à l´Église paroissiale pour la faire baptiser, avant qu´il fût trop tard. Mais le curé n´était pas là. C´était justement pour le carnaval et le ministre du bon Dieu le fêtait lui aussi, habillé en Arlequin, chez un homme important de la contrée. Son vicaire, déguisé en Gilles, l´accompagnait. Alors c´est là que le baptême eut lieu. On prit du buffet de la maison tout ce qui pouvait être nécessaire, on fit taire un moment le violon, et on administra le sacrement à la petite. Cette bizarre cérémonie était un horoscope. Une enfant baptisée par un arlequin et un Gilles ne pouvait devenir avec le temps qu´une femme de théâtre. Mais sa mère ne l´entendit pas ainsi et elle voulut faire de Clairette une couturière du temps perdu ! L´enfant n´était pas née pour manier l´aiguille et le dé. Elle ne les aimait pas et, d´autre part, ce n´était pas du tout un métier qui convînt à sa santé. Alors la mère incompréhensive la grondait et même la battait. Un dimanche, elle l´enferma avec son catéchisme et son ouvrage de couture dans la pièce la plus haute et la plus nue de la maison. Claire avait déjà 12 ans. Bien entendu, elle ne s´attaqua pas à la couture ni au catéchisme, mais montant sur une chaise, le front appuyé contre une vitre, elle se mit à regarder les nuages et les maisons voisines. Tout à coup, une fenêtre s´ouvrit en face d´elle et lui offrit un spectacle qui la charma : c´était la célèbre Mademoiselle Dangeville qui préparait une leçon de danse. Sa famille et quelques intimes l´entouraient. La jeune fille dansa à ravir. La leçon finie, tout le monde l´applaudit et sa mère l´embrassa avec enthousiasme. Clairette fut bouleversée… Cette vision inattendue décida de sa vie.
Elle conçut sur-le-champ le projet de devenir elle aussi une artiste et quelque temps après elle échappa de sa maison et se rendit à Rouen, allant frapper à la porte d´un théâtre.
On l´accueillit et elle débuta comme « rat ». Elle avait à ce moment 13 ans. De Roue, la jeune échappée fut appelée bientôt à Lille et de Lille à Gand, dans une troupe formée pour le Roi d´Angleterre. Son succès commençait. Un général de l´armée anglaise se prit d´amour pour elle et lui offrit sa main ; mais elle déclina cet honneur.
Mylord, lui dit-elle : « je ne m´appartiens pas, j´appartiens à mon pays. Je veux bien être aimée dans mon palais, mais je veux toujours être aimée sur le théâtre »[1].
On dit que l´amant éconduit tenant par trop à sa conquête et la faisant garder à vue, elle fut obligée de se faire enlever pendant la nuit. La Clairon n´était point précisément belle, mais jolie et gracieuse avec sa figure chiffonnée. Du reste, le lord ne fut pas sa première conquête. Ce fut à Rouen qu´elle trouva son premier amour. Il s´appelait Du Rouvray. Quand elle fut vieille et délaissée, la Clairon se plaisait à rappeler ce nom et un jour, faisant allusion à une promenade qu´elle avait faite sur la Seine avec lui et au danger qu´elle avait couru de se noyer, elle écrivait :
-«Je serais morte à propos. Je n´avais pas encore la gloire, mais j´avais l´amour.[2]».
À Du Rouvray succéda un acteur appelé Rhodilles et à celui-ci, l´historien Gabriel-Henri Gaillard. Cette dernière liaison fut courte et se termina très mal. Gaillard, qui était un homme rancunier, écrivit par la nuit contre elle un pamphlet qui fit scandale : « Histoire de Mademoiselle Frétillon.[3] Mais sa réputation artistique n´en souffrit pas. Son renom commença à se répandre et elle parut à l´Opéra de Paris comme chanteuse et comme danseuse en 1743 ; mais elle ne fit qu´y passer sous la figure de Vénus dans l´opéra « Hésione ». Le 19 septembre de la même année, elle débuta au théâtre Français. L´artiste avait trouvé sa véritable voie. On dit que quelqu´un qui l´avait vu jouer à Rouen dans « Ériphyle» avait prédit qu´elle serait un jour la ressource du théâtre. Elle se souvint de cette prédiction et a son engagement elle mit pour condition qu´elle jouerait les grands rôles tragiques. Les vieilles filles de la maison ricanèrent de ses prétentions. Mais, quand elle parut sur la scène, de toutes parts l´enthousiasme éclata et on lui jeta des fleurs. Tout d´un coup, elle éclipsa toutes ses camarades, même Mademoiselle Dumesnil qui était plus naturelle qu´elle.
« Mademoiselle Clairon », écrirait Rachaumont, est toujours l´héroïne ; elle n´est point annoncée qu´il n`y ait chambrée complète. Dès qu´elle paraît, elle est applaudie à tout rompre. C´est l´ouvrage le plus fin de l´art. Elle a une grande noblesse dans ses coups de tête, c´est Melpomène arrangée par Phidias.[4]
La tragédie de son début fut « Phèdre ». Cependant, Mademoiselle Clairon était née comédienne, soubrette, mais non pas tragédienne. Elle le devint à force d´art et de travail. Elle avait beaucoup de physionomie et sa taille peu élevée semblait grandir en scène avec les sentiments de reines et des héroïnes qu´elle représentait. Contrairement au jeu passionné et naturel de Mademoiselle Dumesnil, sa rivale, elle empruntait tous ses effets à l´étude. Elle déclamait la tragédie d´un ton pompeux et fortement accentué. Son jeu était tout de calcul. Elle suivait l´école de la déclamation et non celle de la diction simple que venait d´illustrer Adrienne Lecouvreur ; mais son intelligence et son talent faisaient oublier ce qu´il y avait d´artificiel dans sa manière. Le poète Dorat l´a peinte dans les vers suivants :
« Ses pas son mesurés, ses yeux remplis d´audace. Et tous ses mouvements déployés avec grâce. Accents, gestes, silence, elle a tout combiné. Tout, jusqu´à l´art, chez elle, a de la vérité.»[5]
La carrière artistique de la Clairon s´étend de 1743 à 1753. Elle obtint ses plus  grands succès dans « L´Ephigénie de Tauride » de Saurin ; « Le Siège de Calais » de Bellay ; « Les Troyennes » de Chateaubrun, et surtout dans les tragédies de Voltaire : « Zulime », « Semiramis », « Olympie », « Tanerède », « Oreste », « L´Orphélin de la Chine », etc.
Le meilleur partenaire de la Clairon fut l´acteur Le Kain, protégé de Voltaire qui l´avait aidé à triompher grâce à son influence et même à sa bourse.
A propos de la première représentation de « Tanerède » en 1760, Emile Deschanel écrit : « Le succès fut des plus vifs : succès d´émotion, de transports et de larmes auquel contribuèrent les deux grands artistes : Le Kain et Mlle. Clairon. Le Kain faisait tour à tour pleurer ou frémir. Clairon enflammait tout : par exemple lorsqu´elle disait ces vers :
« On dépouille Tanerède, on l´exile, on l´outrage !
C´est le sort d´un héros d´être persécuté.
Le sens que c´est le mien de l´aimer davantage. »[6]

Deschanel ne fait que traduire à plus d´un siècle de distance l´enthousiasme des contemporains. En effet, nous avons déjà cité le témoignage de Bachaumont qui dans ses « Mémoires » ne se montre pas précisément un flagorneur. Le Baron de Grimm qui n´était même pas français, écrivait dans sa « Correspondance littéraire », le 15 août 1755, au lendemain de la première représentation de « L´Orphelin de la Chine » :
« Les actrices parurent pour la première fois sans paniers. Mr. de Voltaire a abandonné sa part d´auteur au profit des acteurs pour leurs habits. Il faut espérer que la raison et le bon sens triompheront avec le temps de tous ces ridicules usages qui s´opposent à l´illusion et au prestige d´un spectacle tel qu´il doit être sur un peuple éclairé. Mademoiselle Clairon a joué le rôle d´Idamé avec un applaudissement général. »
Fût-ce effectivement dans le rôle d´Idamé de « L´Orphélin » ou dans celui « L´Electre » ou dans celui de Roxane de « Bajazet », que Mlle Clairon se présenta pour la première fois sans paniers… ? Les avis sont partagés. En tout cas, personne ne conteste à Mlle. Clairon l´honneur d´avoir été une innovatrice clairvoyante en ce qui concerne le costume théâtral. Jusqu´à ce moment costumes et décorations étaient purement arbitraires et conventionnels. On ne se souciait pas du tout de la vérité ni même de la vraisemblance des uns ni des autres. On ne tenait aucun compte des pays ni des temps. Voltaire et la Clairon entreprirent la réforme. Dans « L´Orphélin de la Chine », le Kain porta à son tour une tunique rayée cramoisi et or, qu´il pensait être orientale. Du moins, on commença à chercher délibérément la vraisemblance.
Pour ne pas être injuste, il faut noter quand même que Madame Favart joua une paysanne en sabots et en jupe courte, avant que la Clairon supprimât les paniers « d´Electre ». Ce fut dans la comédie de son mari « Les amours de Bastien et de Bastienne », parodie du «Devin de village ». Ainsi celui-là put écrire avec un orgueil légitime :
« Ma femme a été la première en France qui aît eu le courage de se montrer comme on doit être. »[7]
En effet, la première dans la comédie, mais Mademoiselle Clairon, dans la tragédie « Suum cuique. »
Celle-ci fut l´actrice préférée de Voltaire qui lui porta toujours une grande admiration et une grande amitié. C´est le meilleur éloge que l´on puisse faire de son art, puisque Voltaire se connaissait en artistes de théâtre et on sait, d´autre part, qu´il n´était pas facile à leur égard.
Un jour, l´acteur « Le Grand » qui jouait le rôle d´Omar dans « Mahomet », devait prononcer ces deux vers :
« Mahomet marche en maître, et olive à la main. 
La trêve est publiée ; et le voici lui-même… »
C´était pendant une répétition. Au lieu d´y mettre la majesté nécessaire, Le Grand les prononça un peu platement, et Voltaire l´interrompit avec sarcasme :
-« Oui, oui : Mahomet arrive… C´est comme si l´on disait : Rangez-vous. Voilà la vache… ![8]
-Mais, Monsieur, pour crier comme cela il faudrait avoir le diable au corps !
-Et oui, Mademoiselle –réplica Voltaire. C´est le diable au corps qu´il faut avoir pour bien jouer la tragédie… ! »[9]
Mais il y avait encore plus. Comme Voltaire réécrivait généralement ses pièces un peu trop vite, il lui arrivait après de faire pendant les répétitions corrections sur corrections. Cela excédait les comédiens. Mademoiselle Desmares ayant fermé sa porte à l´auteur, il lui glissa des corrections par le trou de la serrure. Elle boucha le trou. Alors ayant appris qu´elle donnait un grand dîner, il lui envoya un très beau pâté. Quand on l´ouvrit, on vit douze perdreaux tenant dans leurs becs des papiers qui portaient les corrections nouvelles[10].
Eh bien, pour devenir l´artiste préféré d´un auteur de cet acabit, il fallait avoir du talent et… de la patience !
En effet, la correspondance échangée entre Voltaire et Mlle. Clairon montre que l´une était à la hauteur de l´autre en questions de théâtre. Elle ne se bornait pas à accepter docilement les conseils généralement adroits que le grand écrivain lui donnait. Elle discutait. Du reste, Voltaire témoigna souvent à Mlle. Clairon de la plus grande considération et de la plus cordiale estime. Ste. Beuve rapporte dans son étude sur «Florian» cette anecdote sur Mlle Clairon.
Mademoiselle Clairon était alors (1765) à Ferney; on lui ménagea une surprise pour sa fête: des galants complets qui vinrent lui chanter un petit berger et sa bergère. Le petit berger n´était autre que Florianet.
« J´étais vêtu de blanc, et mon habit, mon chapeau et ma houlette étaient garnis de ruban rose. Une jeune fille, vêtue de même, soutenait avec moi une grande corbeille pleine de fleurs. »
Le petit Florian chanta ensuite avec sa bergère une chanson en dialogue, composée par Voltaire à l´honneur de Mlle. Clairon:
Je suis à peine à mon printemps
Et j´ai déjà des sentiments…[11]
Bien sûr, l´illustre tragédienne ne se doutait pas à ce moment que le petit neveu de Voltaire, alors âgé de onze ans, deviendrait à son tour un grand écrivain et raconterait cette fête pour le 42 anniversaire de l´actrice, dans ses «Mémoires d´un jeune espagnol» (Florian se voulait de son origine espagnole à cause de sa mère.)
Le Cabinet des Estampes de la Bibliothèque Nationale conserve une gravure anonyme, due vraisemblablement à Huber, représentant une autre visite de Mlle. Clairon à Ferney en 1767. On y voit Voltaire et Mlle. Clairon à genoux et les bras ouverts. Wagnière, le secrétaire de celui-là, essaie de relever son maître. En effet, lorsqu´ils se rencontrèrent la première fois à cette occasion, ils tombèrent à genoux l´un devant l´autre, sous le coup de l´émotion. Voltaire qui se sentait vieillir, ne voulait plus jouer la comédie et avait laissé Mme Denis transformer le théâtre de Ferney en une blanchisserie, à l´annonce de cette dernière visite de Mlle. Clairon, le fit vite reconstituer en honneur de son amie.
Cependant elle s´était déjà retirée de la scène, où elle avait régné en souveraine. Dans le théâtre et hors du théâtre. A l´époque brillante de ses triomphes, elle connut une vie, non précisément de reine, mais de déesse. Des amants magnifiques l´adorèrent : le maréchal de Richelieu, Marmontel, le marquis de Ximenès, David Garrick.
Marmontel, dont la Clairon servait au théâtre les succès vers1749, nous a raconté ses amours avec la tragédienne dans son livre : « Mémoires d´un père pour servir à l´instruction de ses enfants » (Paris, 1800, 2 v.).
Sainte-Beuve rapporte à ce sujet que le successeur de D´Alembert comme secrétaire perpétuel de l´Académie Française prit comme maîtresse Mlle. Clairon pour se consoler de Mlle de Navarre qui venait de le délaisser brusquement, mais tout en se consolant en même temps avec une autre jeune et séductrice actrice, Mlle. Verrière, qui, comme Mlle de Navarre, avait été auparavant maîtresse du Maréchal de Saxe. Aussi celui-ci en l´apprenant, se mit en colère et s´exclama :
« Mais ce petit insolent de poète me prend toutes mes maîtresses… ![12]
Sa liaison avec le Marquis de Ximenès se termina à cause d´un jeu de mots. Curieuse figure que celle de cet aristocrate d´origine espagnole, mélange de courtisan, d´intellectuel et de don Juan, qui prétendait un jour à la main de la nièce de Voltaire, se lia avec les actrices les plus en vue de son temps, prit pendant la Terreur le titre de « Doyen des poètes sans-culottes » et chanta plus tard Napoléon et Louis XVIII.
Mais l´amant le plus illustre et le plus enthousiaste de tous fut David Garrick. Naturellement c´était lui qui était le plus qualifié pour apprécier la valeur de la Clairon. Garrick fit graver un dessin où la tragédienne était représentée appuyée sur une pile de livres sur lesquels on lisait les noms de Corneille, Racine, Crébillon et Voltaire; entourée des attributs de la tragédie et couronnée par Melpomène. Au bas on lisait ces vers :
«J´ai prédit que Clairon illustrerait la scène.
Et mon espoir n´a point été déçu.
Longtemps Clairon couronne Melpomène:
Melpomène lui rend ce qu´elle en a reçu. »

A cette époque, la tragédienne menait un train de vie véritablement royal. Dans sa maison du Marais qu´avaient auparavant habité Racine et Adrienne Lecouvreur, elle recevait à sa table toutes les célébrités du siècle. Voltaire, Diderot, van Loo et Louis XV lui-même s´y coudoyaient avec Mesdames de Chabrillant, d´Aiguillon, de Villeroy, Du Deffand, de Galitzin et Geoffrin, Un jeune la Princesse de Galitzin demanda à la Clairon:
-« Quel souvenir de moi voulez-vous que je vous laisse ? »
-Mon portrait peint par van Loo –répondit l´actrice. Et van Loo faisant ainsi que le désirait Mlle. Clairon, la peignit dans le rôle de Médée montant sur un char, après avoir poignardé ses enfants. Louis XV lui-même ordonna qu´on fit à ce tableau le cadre le plus beau possible. Sa popularité devint si grande que ses admirateurs firent frapper des médailles d´après la gravure de Garrick et se décorèrent avec fierté de ce nouvel ordre. À force d´être flattée et adorée, la Clairon pensa que tout lui était permis et un jour elle osa braver la Pompadour même en disant d´elle :
« Elle doit sa royauté au hasard : je dois la mienne à mon génie. »
C´était vrai, mais c´était imprudent. Mais sa plus grande imprudence fut l´organisation de la mutinerie théâtrale de 1765 qui devait amener sa chute.  Elle a été décrite minutieusement par le mémorialiste Bachaumont. Laissons-lui la parole.
« Il s´est passé aujourd´hui (14 août 1765), à la Comédie Française, une scène dont il n´y a pas encore eu d´exemple depuis l´institution du théâtre. Les comédiens, instruits de la certitude de l´ordre du roi pour faire jouer Dubois (qui avait été expulsé de la Comédie pour n´avoir pas voulu payer un chirurgien qui l´avait soigné), n´ont pas voulu en avoir le démenti et le complot s´était formé chez Mlle Clairon de ne pas jouer, il s´est exécuté de la façon suivante. Tout étant disposé, sur les quatre heures et demies est arrivé Le Kain : il a demandé aux remainiers qui jouerait le rôle de Manni. « C´est Dubois, lui a-t-on répondu, suivant l´ordre du roi. »
-Cela étant, a-t-il répliqué, voilà mon rôle. » Et il s´en est allé. Molé est venu ensuite, qui a fait la même chose. Brizard et Dauberval ont suivi les traces de ces mutins. Enfin est entrée l´auguste Clairon, sortant de son lit, assurant qu´elle était toute malade, mais qu´elle savait ce qu´elle devait au public, et qu´elle mourrait plutôt sur le théâtre que de lui manquer.
-Qui fait le rôle de Manni ?, a-t-elle demandé. Ensuite, sur la réponse que c´était Dubois, elle s´est trouvée mal, et est retournée se mettre au lit.
Grand embarras dans le reste de la troupe : point de gentilhomme de la chambre. L´heure s´approche. On consulte M. de Biron, qui se trouve là, par hasard. On convient de donner le «Joueur » au lieu du « Piège » de Calais, et de glisser cette annonce à la suite du compliment. Cependant la nouvelle avait transpiré, et faisait l´entretien du parterre. On s´arrête à la vue du complimenteur, homme de mine piètre et mesquine, le vieux Bouret; il annonce sa vision, et déclare que la défection de quelques acteurs les met dans le cas de substituer le « Joueur » au « Siège de Calais ». À l´instant, des huées, des sifflets; le mot de « Calais ! » se répète de tous les endroits de la salle: on crie : « À l´Hôpital la Clairon ! Molé, Brizard, Le Daim, Dauberval, au For l´Évêque! » L´orateur est obligé de se retirer, et l´on met de nouveau en délibération ce qu´on fera. Cependant le tapage continuait et la garde voulait imposer silence. M. de Biron envoie dire qu´elle se contienne et laisse le public en liberté qui ne cessait de répéter : « La Clairon à l´Hôpital !, etc. » Mr. Biron consulté de nouveau par les comédiens, leur conseille d´essayer toujours d´entrer en scène : ce qui ayant été exécuté par Préville et Mme. Bellecourt, les cris ont redoublé. Les acteurs ne peuvent se faire entendre, rentrèrent dans la coulisse ; et le spectacle ne pouvant avoir lieu, un sergent vint haranguer le parterre de la part de M. le maréchal Le Biron : il annonça qu´on allait rendre l´argent ou les billets. Préville et l´autre semainier, le soir même, ont été rendre compte de l´aventure à M. le lieutenant général de police, qui leur a témoigné combien il était sensible à cela ; mais qu´il ne pouvait se dispenser d´exercer ses châtiments.
16 Avril. Fermentation étonnante dans Paris au sujet de cette histoire ; grand comité de gentilshommes de la chambre, tenu chez Mr. de Sartines. Le résultat est d´envoyer les coupables au For-l´Évêque. Brizard et Dauberval y vont aujourd´hui; Molé et Le Dain seront arrêtés à une certaine distance, et on écrit une belle lettre, où ils rendent compte de leur conduite, et déclarent que l´honneur ne leur permet pas de jouer avec un fripon.
Mlle. Clairon reçoit des visites de la cour et de la ville, au sujet de cet événement ; elle ne peut digérer l´affront qu´on a voulu lui faire de la mettre en face de Dubois. On rapporte à ce sujet qu´ayant interpellé quelques officiers qui faisaient cercle chez elle, et leur ayant demandé si dans leur corps ils n´en useraient pas de même, si quelqu´un d´eux avait fait une bassesse, ce qu´ils feraient, s´ils y ne le chasseraient pas ?, et si, par extraordinaire, la cour voulait le forcer, à garder un infâme s´ils ne quitteraient pas tous ? « Sans doute, Mademoiselle, reprend l´un d´eux avec vivacité, mais ce ne serait pas un jour de siège… ?
18 avril. Melle Clairon est au For l´Évêque depuis avant-hier…
Molé et Le Kain se sont rendus du lieu de leur retraite au For-l´Évêque…
23 avril – Molé et Brizard sont sortis aujourd´hui de leur prison, pour jouer dans « le Glorieux » et « Zéneide ». On ne peut attribuer qu´à une cabale gagnée par eux les applaudissements multiples avec lesquels ils ont été reçus. Leur insolence s´en est accrue, et l´on ne peut rendre l´indignation qu´à causée aux gens comme il faut ce contraste révoltant.
Quant à Mlle. Caliron, elle convertit en triomphe une disgrâce qui devrait l´humilier. Elle a été conduite au For-l´Évêque par Madame de Sauvigny. L´intendance de Paris ; et l´exempt, n´ayant pas voulu lâcher sa proie, est monté dans le vis-à-vis de cette dame, qui a pris Mlle. Clairon sur ses genoux, tandis que l´alguacil s´est assis sur le devant. On ne peut omettre une réponse qu´il a faite à Mlle Clairon, en lui signifiant l´ordre de sa détention. Cette héroïne a reçu la nouvelle, avec une noblesse digne d´elle ; elle a déclaré qu´elle était soumise aux ordres du roi, que tout en elle était à la disposition de la Majesté, que ses bien, sa personne, sa vie en dépendaient, mais que son honneur resterait intact, et que le roi lui-même n´y pouvait rien :
« Vous avez bien raison, Mademoiselle, a-t-il répliqué ; où il n´y a rien, le roi perd ses droits… »[13]
Tels firent les incidentes de cette fameuse mutinerie de comédients qui constitue le premier exemple d´une grève professionnelle dans les annales du théâtre français. Sans doute Mlle. Clairon et ses camarades avaient-ils raison, mais les temps des grèves et du syndicalisme n´étaient pas encore venus. Mlle. Clairon devança son époque.
Bien entendu, elle ne resta en prison que quelques jours, mais ces quelques jours suffirent pour que ses ennemis –car elle n´en manquait pas- comme La Harpe, dont elle avait refusé de jouer les tragédies : Freron, qui avait été violemment attaquée par Voltaire dans « L´Écossaise » ; Mme. Dumesnil, sa rivale, et d´autres encore cabalassent si bien que lorsqu´elle reparut, elle trouva ses adorateurs de vingt ans tournés vers d´autres vedettes montantes. Alors, dépitée, elle se retira. Elle n´avait pourtant que 42 ans. Ses élèves, Mlle. Rancourt, et Jean Mauduit de la Rive, héritèrent de sa popularité. Naturellement son renom commença à décliner, en même temps que sa fortune. Les opérations de l´abbé Terrai lui ayant ôté le tiers de son bien, la crainte de s´endetter le força de renoncer au luxe de son train de vie. Par la suite, ses années s´éloignèrent sans retour de sa maison. Elle en souffrit tellement qu´elle eut un moment l´idée de se retirer dans un couvent. Mais avant de prendre cette résolution extrême, elle tenta la dernière chance : le recours à la fidélité d´un de ses anciens amoureux : le maréchal d´Anspach. Elle frappa à sa porte et le petit prince allemand l´accueillit. Une autre étape de sa vie singulière allait commencer. Le margrave l´associa à sa couronne et en fit son premier ministre. Elle y resta pendant 17 années. En se rapportant à cette époque curieuse de sa vie, la Clairon écrit dans ses « Mémoires » :
« Le bonheur et la gloire du margrave étaient l´unique but de mes travaux et de mon ambition. J´ai fait tout le bien qu´on m´a permis de faire, je n´ai connu ni la vengeance ni la lâcheté. »
Enfin, un mauvais jour le souverain et son ministre se brouillèrent et la Clairon revint à Paris. L´occasion n´était pas propice. On vivait en plein règne de la Terreur. Avant son départ en Allemagne, elle avait placé en France de l´argent, mais en y revenant, elle se trouva complètement ruinée. Ruinée et vieille. La misère la plus noire s´abattit sur elle.
Arsène Houssaye raconte sur les dernières années de la Clairon une anecdote qui montre à quel degré de pauvreté et d´oubli était tombée la triomphante reine d´autrefois.
« Un matin qu´elle balayait son unique chambre en robe plus que fanée et en bonnet de nuit, un étranger se présenta : Mademoiselle Clairon ?
-Elle n´y est pas- dit la comédienne.
- Dites-lui que Mr. de Rouvray reviendra sur le soir. »
Mlle Clairon laissa tomber son balai.
« De Rouvray ! – murmure-t-elle en voyant descendre le visiteur ; si j´osais lui dire… Mais puisqu´il reviendra… Il ne revint pas. Loin de s´en plaindre, la pauvre vieille remercia le ciel. Elle ne voulait pas que celui qui l´avait adorée quand elle avait 16 ans, vit la fraîche et séduisante Clairon métamorphosée en vieille fille de 70 ans.
« Mon souvenir vaut mieux que moi-même – écrivait-elle à Mlle. Drouin.
La Clairon murut à Paris dans la paroisse de St. Thomas d´Aquin ; la 11 pluviose an XI (Février 1803), à 80 ans. La même année mouraient, pauvres aussi et oubliées, la Dumesnil, qui avait été son professeur, puis sa rivale, et Sophie Arnould, qui avait été son élève.
Die transit gloria mundi !
La Clairon a laissé des Mémoires qui elle-même publia à Paris en 1799, en un volume in-8. Ils sont écrits dans le style emphatique de l´époque et sont assez curieux non seulement pour les anecdotes de sa vie qu´elle raconte, mais pour les idées sur le théâtre qu´elle développe. Le poète Andrieux les réédita en 1822 (Paris, 10. in-8) avec une Notice en tête.






[1] Voir le “Grand Dictionnaire universel du XIX siècle », par Pierre Larousse, Paris 1869, t. 14.
[2] “Grand Dictionnaire universel du XIX siècle », Larousse, id.
[3] “Grand Dictionnaire universel du XIX siècle », Larousse, id.
[4]
[5] J. Travers au Dictionnaire Général de Biog. et d´Histoire par Desobre et Bachelet.
[6] Émile Deschanel, Le Théâtre de Voltaire, p. 382. Paris Calmann-Levy, 1888.
[7] Cité par E. Lavisse, Histoire Générale de France, t. VIII, p. 195, note.
[8] Rapporté par E. Deschamel, op. Cit, p. 178.
[9] E Deschamel, op. Cit., p. 193.
[10] Rapporté par Lucien Perez et Gaston Maugras dans “La vie intime de Voltaire avec Délices et à Ferney » – Paris Calmann-Levyy, 1885.
[11] Ste. Beuve, Causeries du Lundi, t. III, « Florian », p. 231.
[12] Sainte-Beuve, Causeries du lundi, t. IV, « Marmontel », p. 529.
[13] Bachaumont, Mémoires (cans la Bibliothèque des Mémoires du XVIII s. ; publiée par F. Barrière, tome III, p. 269).